(por La Redacción)
Esta es una de las respuestas más comunes que encontramos cuando recorremos las escuelas.
El cansancio provocado por las traiciones de los dirigentes, la falta de respuestas de parte del gremio a los problemas más urgentes que tenemos como docentes, sumados al desgaste cotidiano que produce nuestro trabajo, genera muchas veces esta reacción.
Pueden ser diferentes cosas las que en un determinado momento gatillan la decisión que, lamentablemente, muchos/as compañeros y compañeras ya han tomado. Pero la consecuencia es siempre la misma: el/la compañero/a se queda solo con sus problemas, y quienes estamos afiliados perdemos fuerzas...
Desde estas páginas la idea no es, ni cerca, endilgarle toda la responsabilidad de la decisión a quienes la toman, pero si proponerles una reflexión.
Gran parte de quienes se desafilian tienen varios años de docencia y en le gremio. Han visto y han sido parte de varias luchas, de algunas victorias y de (muchas) derrotas también. Saben que la única forma de lograr defender nuestros derechos es juntándonos, decidiendo en forma democrática y por abajo la manera de seguir la pelea, para poder obligar a los de arriba a que no nos traicionen. Saben también que cuando lograron dividirnos, los traidores que hay dentro del gremio negociaron con el gobierno y nos entregaron.
Sería bueno recordar también que los traidores y los gobernantes tienen un arma en común para intentar ponernos de rodillas, y esa arma es el cansancio, el desaliento.
Pero los trabajadores tenemos un remedio eficaz para el desánimo con el que nos retan nuestros enemigos, y eso se llama solidaridad de clase.
Cuando pasamos por las escuelas, vendemos nuestros materiales, organizamos alguna actividad o impulsamos una medida de lucha, cada diálogo con los docentes es una fuente de energía, cada palabra de aliento una fuerza renovada, y cada compañero/a que se compromete en las actividades se torna una inyección de vitalidad y empuje. Eso nos pasa a nosotros. Pero también vemos que pasa al interior de cada escuela donde se logra defender con éxito nuestros derechos, como en las escuelas de Rosario que se mencionan en este número.
Por eso, compañero/a, si está pensando en desafiliarse o si ya lo hizo, le pedimos que lo piense de nuevo.
No deje que gane el desaliento. Su aporte es vital para que los traidores y burócratas no nos sigan robando conquistas. Su experiencia personal es fundamental para construir un gremio y un sindicalismo diferente.
No le decimos que no baje los brazos, lo invitamos a apoyarnos mutuamente para que los suyos y los nuestros sigan en alto.
Porque necesitamos construir un sindicato diferente, realmente democrático, y no queremos regalarle nuestro gremio a los burócratas sindicales que se acomodan en un sillón y se olvidan de los trabajadores.
Ud. compañero/a, es necesario en el nuevo camino que necesitamos andar. No se debilite, no nos debilite: unamos nuestros brazos y nuestras fuerzas.