El crimen de nuestro compañero Carlos Fuentealba no fue, simplemente, una página más en la sección “policiales” de algún periódico de tirada nacional. Fue la respuesta deliberada y macabra a la osadía que tenemos los trabajadores de poner en jaque un edificio que se cae a pedazos, pero cuyos defensores se niegan a abandonar e intentan llevarse a unos cuantos consigo.
Es cuento conocido que nuestros gobernantes apelan a cualquier inmoralidad con tal de conservar su puesto y dejar contentos a sus mandamases. Lo que no por eso deja de darnos asco.
Pero lo más repugnante es la actitud de nuestros dirigentes, que también fueron dirigentes de Carlos y hoy están al frente de una entidad sindical de la que el compañero era parte y siempre defendió. La CTERA, junto a la mayoría de los sindicatos provinciales de base, ha decidido hacer de la fecha un aniversario para recordar con un afiche y alguna que otra declaración. Esto no es lo que Carlos hubiera querido.
En un momento en que la lucha de los docentes rionegrinos, neuquinos y de otras provincias se endurece, donde el salario de los docentes de todo el país se encuentra por el piso, empobreciéndonos cada día, no se convoca a un paro nacional como respuesta a esta situación.
No hablamos de un paro simbólico (que tampoco se hizo) para “recordarlo”, sino de una medida de fuerza contundente como respuesta a lo que HOY está sucediendo con la docencia y el conjunto de la clase trabajadora y donde los responsables políticos del crimen no han sido sentados en el banquillo de los acusados.
En la provincia de Santa Fe, la dirección provincial de AMSaFe se llamó al más absoluto silencio y la delegación del departamento La Capital decidió participar en un acto del gobierno, que intenta lavarse la cara poniendo el nombre de Carlos a una plazoleta del norte de la capital de la provincia.
Este no es el homenaje que le debemos a Carlos. Nuestra apuesta tiene que ser la coordinación nacional de todas las luchas hasta las últimas consecuencias, de forma unitaria y sin mezquindades.