Durante la última expresión del conflicto que mantenemos recurrentemente con los gobiernos de turno, existió una campaña para desprestigiar nuestro trabajo. Se focaliza en “los docentes”, el fracaso de la Educación. Llamativo es que a esta altura del desarrollo de las Ciencias Sociales se deposite toda la responsabilidad, no en los que dirigen el Sistema Educativo sino en un sector: los/as docentes, como si el mismo tuviese una esencia que le permite ir más allá de los límites del propio sistema condicionado, a la vez, por la problemática político-socio-económica.
Transitar la mayoría de las instituciones educativas en épocas de “turbulencia” al decir de los tecnócratas monopolizadores de eufemismos, decíamos, es encontrarnos con víctimas de todo tipo.
En primerísimo lugar, están nuestros pibes y pibas. También sus familiares, especialmente, las mujeres. Y por último, estamos nosotras/os las/os docentes.
Recorrer el camino vital de nuestros alumnos/as para poder entenderlos/as nos sorprende a pesar de haber creído, muchas veces, que sabíamos todo sobre ellos/as ya que también prejuzgamos y generalizamos. Visitar sus casas golpea nuestro entendimiento.
Es que años de desocupación han traído a las familias una (des)organización especial.
Sabemos que el trabajo es un organizador social-familiar y como tal, lo es del psiquismo. Lejos está, aún para la clase media empobrecida, el futuro entrevisto de seguir los pasos de papá y hasta ingresar a la misma fábrica, especialmente para los varones. Ángel Fiasche, nos dice que “cuando la familia fracasa en su función de continente de las ansiedades, el niño no puede enfrentar aquellas angustias que le despierta el aprendizaje y, en consecuencia, queda afectada su natural capacidad epistemofílica, es decir, pierde el interés y la curiosidad por lo nuevo.” (*)
Alcoholismo, redes de prostitución, violaciones, droga, robos, tiroteos, asesinatos...Mundo en el que los/as chicos/as están inmersos/as como lo están sus familias. Aquellos que estigmatizan a nuestros barrios, ¿pensaron alguna vez, lo difícil que es para una familia seguir luchando en medio de este contexto? Miedo a la venganza (muchas veces migrar por ella), miedo a que te quemen la casa, a que te roben lo poco que tenés, a que entre la policía (de “prepo”)... Por otra parte, desnutrición, enfermedades respiratorias y otras, ya que nuestros/as pibes/as de las barriadas se enferman más que otros/as. Y las mujeres, haciéndose cargo, como pueden, dejando a unos mientras esperan horas y horas en el hospital, por otros.
En cuanto a las /os maestras/os tratando de contener todo eso, muchas veces, sin herramientas, porque no se nos formó ni se nos capacita para tamaña tarea. Desde los organismos internacionales se ordena, de acuerdo a la moda (multiculturalismo, diversidad cultural, etc.) que sigamos los modelos pensados para la dominación, pero eso sí, con un lenguaje muy “progre”, el de la inclusión. O el del pacifismo apolítico, abstracto de las famosas campañas por la Paz de la UNESCO, organismo al cual, en la repartija, le tocó hacer volar hacia el cielo, las blancas palomitas mientras se bombardean ciudades y poblaciones indefensas.
Las/os docentes, mientras tanto, tal como las enfermeras, recibimos en el cuerpo y en el psiquismo (perdón por la disociación) la consecuencia del embate continuo que significa laburar en una escuela. Bernaut estudió para el ámbito hospitalario aquel síndrome de “quemazón” que lleva su nombre. El mismo, también vale para la institución educativa, lugar que transita en estos tiempos por la delgada línea entre salud y enfermedad.
Es verdad que hay días que volvemos a casa cargadas/os con una mochila demasiado pesada. Es verdad que tenemos que aprender nuestros límites ya que no debemos cargar más en esa mochila. De lo que estamos seguras/os desde nuestra agrupación que no es rumiando en soledad que vamos a obtener cambios.
Docentes de las escuelas humildes debemos empezar a reunirnos, hablar sobre las cosas que nos interesan y nos desvelan. Desde luego no quedarnos en el discurso, proyectar junto con los/as familiares de nuestros/as chicos/as y con el resto de los/as estudiantes más grandes, todas las medidas que movilicen a la sociedad, que nos movilicen.
El sistema capitalista intenta producir “hombres necesarios, mujeres necesarias”.
De lo que se trata es de instituir algo...no importa cuán revulsivo sea para las viejas estructuras, ellas se están resquebrajando solas... ¡aprovechemos!
(*) FIACHÉ, Ángel. “Hacia una Psicopatología de la Pobreza. Ediciones Madres de Plaza de Mayo. Buenos Aires.
2005.