La historia que escuchamos, que aprendimos, la historia que con tanto afán nos enseñaron, nos colocó siempre en un lugar funcional al sistema dominante.Esclavas, madres, campesinas, brujas, trabajadoras asalariadas, p…Siempre, en cada momento histórico, estuvimos tras una imagen masculina, ciudadano, padre, señor feudal, esposo, patrón.
En un principio fue conveniente colocarnos en una casita, con un bello jardín, bellas princesas, más que bellas, buenas y hacendosas princesas, que esperaban a su amado príncipe llegar en su noble corcel.
Pero lo que la historia no cuenta es que las no tan bellas pero si abnegadas princesas, aplicaban su creatividad haciendo parches nuevos para trapos viejos, multiplicaban panes de pocos elementos, se inventaban historias, se inventaban canciones para hacer dormir a sus niñas/os, mientras fregaban platos y lavaban canastos de ropa sucia.
Lo que la historia no cuenta que estas no tan bellas princesas, también acompañaban a sus amados príncipes a trabajar al campo.
La historia no cuenta de la cantidad de horas que estas princesas trabajan en sus casas mientras sus amados príncipes trabajan en las fábricas. La historia no dice que mientras las no tan bellas princesas se ocupan de garantizar la comida, y la ropa limpia a sus esposos, el patrón de la fábrica obtiene grandes ganancias explotando más horas a los príncipes-obreros.
Es la historia de abuelas, madres y nietas, la historia silenciosa, la que habla con susurros de humillaciones, atropellos, sufrimiento, vejaciones.
Hay una historia que supimos construir las mujeres, las que tuvimos posibilidad de entender y hacer algo para cambiar esta realidad y las que aún todavía no lo hicimos, la verdadera historia.
Y en esta historia, hay otra historia, pequeñita y grande a la vez, otra historia entre tantas, la historia de las docentes de la provincia de Santa Fe, que marchamos por las calles de la provincia y obligamos a escuchar al gobierno nuestros reclamos.
Fuimos nosotras las trabajadoras docentes, madres, hijas, esposas, las que decidimos parar nuestra actividad de enseñar en las escuelas Matemática, Lengua, Ciencias, Plástica, Música, Educación Física y tantas otras disciplinas más, para enseñarles a nuestras/os alumnas/os a luchar por sus derechos. Porque nosotras también aprendimos a ser protagonistas, no como madres ni profesionales, sino como trabajadoras defendiendo nuestro reclamo de aumento salarial.
Porque somos muchas las mujeres solas con familia, porque somos muchas las que tenemos maridos desocupados, porque somos muchas las que junto a nuestros compañeros de la vida tratamos de sobrevivir a los gobiernos de Kirchner y Obeid, funcionales a un sistema de explotación y hambre.
Esta es la otra historia. La de los trabajadores, la historia que se ha escrito y se escribe con sangre y sudor, de esta historia somos parte, las trabajadoras ocupadas y desocupadas, decididas a no renunciar, a no resignarnos en nombre de nada ni nadie, a combatir la gran desigualdad social que provocan los poderosos y que ocultan la mayoría de los que escriben la historia en los libros.