domingo, 25 de enero de 2009

LAS ELECCIONES EN EEUU


Obama no significará ningún cambio, pero es la expresión de un cambio

Es probable que usted esté entre quienes se acostaron un poco más tarde la noche del 4 de noviembre, día de las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Seguramente, el candidato demócrata, Barack Obama, le despertó cierta simpatía ya que, de hecho, es casi imposible encontrar en Argentina a alguien que hubiese deseado una victoria de McCain ¿Por qué? En parte por las mismas razones por las cuales el pueblo norteamericano votó mayoritariamente a favor de los demócratas.

Obama no es un cambio, pero lo expresa. Es el primer presidente afroamericano en la historia del país del Norte y esto no es un hecho menor. Estamos hablando de un país en el que la historia del racismo mundial abreva permanentemente. Pero esa misma historia comenzó a darse vuelta desde hace un tiempo, en la medida en que los americanos empezaron a convencerse que el problema no eran los inmigrantes que venían a quitarle el trabajo a los ciudadanos “blancos, anglosajones y protestantes”.

Obama gana en medio de una crisis generada por el propio sistema, en su corazón mismo. Los millones de norteamericanos que quedaron sin la vivienda que estaban pagando o vieron drásticamente reducidos sus fondos en los bancos comienzan a precisar mejor a los culpables. Por eso Obama es la “expresión” de un cambio. Representa el voto hacia lo que no quieren.

Claro, todavía no es visible para ellos el grado de continuidad entre Obama y Bush; pero no tardarán en notarlo. Las medidas tomadas por el presidente electo antes de su asunción son una muestra: la conformación del gabinete, con presencia republicana en puestos más que importantes, el no retiro de Irak y su coincidencia con el discurso del presidente saliente en relación a la “lucha contra el terrorismo” o la aprobación de los demócratas al “Plan Paulson”, son tres botones más que ilustrativos.

Ni hablar de lo que Obama no dice. No hay ninguna propuesta, ni siquiera de tipo keynesiano, hacia los trabajadores y la clase media yanqui que están sufriendo la crisis de manera directa. No hay ninguna duda en que la ciclópea tarea del nuevo mandamás es salvar el sistema. Pero está claro que no lo hará haciendo que paguen los que más tienen.

Sus asesores económicos, Austan Goolsbee y Jason Furman, son fieles discípulos de Milton Friedman y el propio Obama es hijo de la “Escuela de Chicago”. Por otra parte, los aportes de Goldmann Sachs, Citygroup, los grandes multimedios y otras corporaciones que financiaron la campaña de Obama -por no mencionar a las petroleras y las agroindustrias que tradicionalmente daban su apoyo a los republicanos y esta vez dividieron sus dólares entre ambos candidatos- reclamarán “devolución de favores” más temprano que tarde.

Mientras, en el sur del continente, los líderes progresistas –incluyendo a Fidel Castro- se montan a la “Obamamanía” buscando que este “Superman negro” logre evitar el estallido de un continente y un planeta cada vez más convulsionado.


Ezio Agretti
Prof. de Geografía y Lengua y Literatura
Delegado Escuela Normal Nº 32, Nivel medio
Santa Fe