martes, 7 de octubre de 2008

El toro por las astas

El panorama que se vive actualmente en Latinoamérica es reflejo de una situación mundial expresada en la creciente crisis del sistema capitalista. La caída de los gobiernos autoritarios primero y de las democracias neoliberales después, en reemplazo de gobiernos que llegaron al poder con un discurso progresista, imponiendo líderes de carácter “populista” colaboracionista, expresa esa crisis y el cansancio de los trabajadores/as ante tanto saqueo de los recursos nacionales y de sus propios bolsillos. Chávez, Correa, Evo, Lula, o los Kirchner presentan características diferentes –aún cuando sus discursos son similares- pero forman parte de un mismo proceso.
El imperialismo recurrió al recambio representado en estos nuevos títeres como única manera de evitar una situación explosiva, intentando ganar tiempo gracias a la confianza que estas nuevas caras despertaron en las masas. Pero las experiencias evidenciadas en los últimos años han demostrado que esa confianza se desvanece cada vez con mayor celeridad, llegando a un punto de inflexión que ya ha comenzado su declive.
Esto no exceptúa, sin embargo, el carácter contradictorio del fenómeno general, en el que Bolivia constituye hoy su máxima expresión. Amplios sectores de la burguesía en el oriente boliviano intentan atacar las conquistas democráticas obtenidas con sangre por las organizaciones sociales y políticas de base en el país. Ante ello, los trabajadores/as de todo el subcontinente no debemos dudar en dar todo nuestro apoyo, incluso material, a quienes sufren el feroz ataque de la separatista oligarquía santacruceña.
El gobierno de Cristina sigue priorizando las relaciones carnales con el imperialismo, derivando la renta lograda bajo esta nueva versión del modelo agroexportador hacia los organismos financieros internacionales. Nada de ello se destina a recomponer el devaluado salario de la clase trabajadora, como tampoco a cubrir las necesidades de infraestructura en sectores como salud, educación y obra pública. Para no mencionar los escándalos de corrupción y despilfarro que día a día envuelven al gabinete nacional (no nos olvidemos de Miceli, Picolotti, Bendini, la valija en aeroparque o los terrenos comprados por los Kirchner en la Patagonia a precios irrisorios).
En la provincia de Santa Fe, el gobierno de Binner, al igual que Cristina a nivel nacional, también demuestra ese proceso. Las urnas mostraron la necesidad de terminar con dos largas décadas de gobiernos peronistas, apostando a un cambio real. Pero muy pronto, esa expresión de deseo fue echada por tierra. La alianza del PS con oxidados representantes del radicalismo y con un partido como el PDP, que aportó funcionarios a la provincia durante la última dictadura militar, no tardó en mostrar su verdadero rostro. En este sentido, la táctica fue pasar la pelota a otros quitando así responsabilidades: el gobierno nacional… (siempre con críticas moderadas claro está), la gestión anterior, etc. A punto tal, que los periodistas oficialistas tuvieron que hacer esfuerzos descomunales para explicar de qué manera el gobierno se “vio obligado” a aumentar dos o tres veces los impuestos provinciales y las tasas municipales, para no mencionar los tarifazos que se vienen.
Esta necesidad de actualizar los ingresos por parte del gobierno provincial no tuvo la misma lógica a la hora de poner al día el salario de los trabajadores/as. En el conflicto docente, la decepción inicial al no ver ningún cambio en la nueva versión de la misma película, se fue transformando en bronca. De nada sirvieron las promesas que hasta aquí sólo se han quedado en eso, ni tampoco los discursos un poco menos confrontativos de los funcionarios de Binner quienes, como en el viejo dicho, nos dicen: “tiene razón, pero marche preso”. Ninguno de nuestros reclamos ha sido solucionado, sino mediante parches que sólo logran tapar un agujero abriendo otros.
Pero el momentáneo alivio que significó al gobierno el levantamiento de las medidas de fuerza en la que confluyeron todos los gremios docentes de la provincia, no logró frenar el descontento ni tapar la realidad. La vergonzosa actitud de las burocracias sindicales que hicieron “magia” con el discurso intentando explicar que la ridícula propuesta significaba un avance sustancial y, lo que es aún más irrisorio, un cambio en la tendencia de la política salarial y educativa en la provincia, logró, quizás, convencer a algunos. Pero la lucha de clases nos demuestra que la mentira tiene patas cortas. La provincia de Buenos Aires sigue en conflicto a pesar de no haber tenido una propuesta peor que la que ofreció el gobierno santafesino y a esto hay que sumarles el resto de las provincias que continúan la lucha.
Las corrientes docentes opositoras a la política de la CTERA están creciendo y ganando nuevos espacios a nivel nacional. Nuevos/as compañeros/as se suman cada día a este proceso porque entienden que es necesario cambiar el rumbo. Este proceso de desborde que se vive en todos los sectores y se expresa en luchas concretas, a pesar del ocultamiento de información por parte de los medios, demuestra la necesidad de coordinación y dirección de estas luchas. Es hora de tomar al toro por las astas y asumir la responsabilidad que nos cabe a cada uno para que el contexto derive en una victoria del conjunto de la clase trabajadora.

Ezio Agretti
Profesor de Geografía y Lengua y Literatura